sábado, 27 de marzo de 2010

Volver volver.

El camión iba a reventar, casi tres hileras de gente parada, unos iban a sus trabajos y otros eran estudiantes como yo. Era normal que ese camión que atravesaba de sur a norte siempre fuera tan lleno a esa hora, tenía que tomarlo para no tomar dos. También era normal que los choferes manejaran muy aprisa, sin respetar señalamientos viales, sin importarles que junto con ellos viajaban personas que soportaban la brusquedad de las vueltas, las frenadas, los topes en el pavimento. Parecía una batidora. De repente me dieron náuseas, jalé el cordón y sonó la campana de bajada, el chofer empezó a frenar, el pasillo estaba muy apretado y temía que no lograra llegar a la salida antes de que el camión partiera de nuevo pues el cúmulo de pasajeros con sus anchas mochilas dificultaba mi objetivo. Gracias a empujones y a algunos "con permisos" salí al aire fresco. En la parada vomité los corn flakes al pie de un anuncio comercial, nunca desayunaba pero ese día hice una excepción. Me encontraba cerca de la plaza de toros pero no de la Universidad. Esa mañana nublada tuve que tomar dos camiones.

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