jueves, 9 de diciembre de 2010

Posada

La banda empezó a tocar "Autumn Leaves" y me pareció un augurio de que sería una tarde encantadora de vuelta en ese salón de eventos donde celebrábamos la posada del trabajo. Me sirvieron un martini de pepino y en la mesa las típicas galletas con queso philadelphia, después llegaron los whiskeys con agua, la banda siguió tocando suaves melodías de canciones populares, llegó la sopa y "Close to you", más whiskeys y "Bésame mucho". Mis acompañantes, con quienes llegué en taxi, fueron muy agradables. Estuvo bien.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Matemáticas

En una tarde bochornosa de septiembre, cuando ya no había exámenes de matemáticas por revisar o aunque los hubiera pero mi hartazgo ya hiciera acto de presencia, la ecuación a resolver era la siguiente: XX Lagers + Grindcore + Dibujar monos = Satisfacción total. Siempre me ha gustado dibujar, lo hago desde que aprendí a gatear. Llegó un momento crucial en mi vida en el que había que decidir qué estudiar para, en el mejor de los casos, dedicarte a ello; elegí estudiar una carrera de ingeniería, pese a que yo decía que no me gustaban las matemáticas. Sin embargo seguí dibujando. Dibujaba entre las clases de la facultad, me la pasaba haciendo bocetos al final de la libreta mientras esperaba a que llegara el maestro o cuando estaba aburrido. En los últimos años y desde que empecé a trabajar ya no he dibujado mucho; durante la infancia y adolescencia lo hacía para sobrellevar los problemas propios de esas edades, ahora de adulto, que todo parece estar peor debería retomar ese hábito y dejar de autodestruirme.

martes, 21 de septiembre de 2010

Termodinámica

El compañero estacionó la Grand Cherokee frente al depósito de la esquina. "¿Rojas o blancas?" me preguntó. Aunque no me gustaban elegí Tecates rojas. El alcohol me ayudaría a soportar su charla. Lo conocí porque se sentaba cerca en la clase nocturna de tres horas de Termodinámica, solamente le faltaba esa materia para titularse, dejó de estudiar por un tiempo para trabajar. Parecía ser de esas personas a las que sí les gusta su trabajo y lo convierten en su prioridad, o más bien creo que su prioridad era el dinero.

Termodinámica VII no era una materia muy difícil, era el último semestre y todo estaba más relajado, los estudiantes lo que querían era terminar la carrera de una buena vez; como los clientes de un supermercado a punto de cerrar, les apagan las luces y van a las cajas a hacer una fila enorme, pagar y salirse. En esa clase había una chica a quien recuerdo especialmente, era alta, con una pequeña cicatriz en su rostro, me agradaba y al parecer yo le caía bien, ella tenía novio y yo era un solitario como hasta hoy lo he sido.

Mientras él platicaba sobre su importante puesto en la empresa donde trabajaba sonó su celular, era su esposa que le habló para saber dónde estaba. Tras haber colgado el teléfono hizo mención de una novia que tuvo y con la que fornicaba muy a menudo. También me dijo que en alguna borrachera había conocido a mi padre quien trabajaba con el suyo en el mismo hospital. Qué maldita casualidad. No mostré mucho asombro. Por dentro me llevaba la chingada. Se puso contento, en cambio mi asco aumentaba. Quería bajarme de la camioneta en el próximo semáforo en rojo pero me limité a ser cordial. De pronto imaginé que estaba en una fiesta del compañero, con sus demás amigos que comían carne asada, tomaban Tecates y contaban chistes malos, y entre ellos estaba mi padre y todos participábamos en una gran farsa.

Al fin llegamos a mi casa, pero el compañero aun no se había terminado las cervezas y siguió hablando y tomando, no quería llegar con su esposa todavía, recién embriagado, tal vez así ella no querría fornicar con él.

jueves, 15 de julio de 2010

La Espera

Estoy parado en la avenida esperando el camión que parece tardarse una eternidad. Mientras pasan los carros y alguna chica bonita, yo sigo de pie en la sombra y después me recargo en un auto blanco. Harto de la rutina, pareciera que el verdadero propósito de la espera no es que el camión llegue, se detenga con mi señal y me lleve a casa, no exactamente a casa pues todavía tengo que caminar como diez cuadras.

Cinco camiones amarillos y destartalados pasan rápidamente, la estela de smog cubre el señalamiento de límite de velocidad.

Se acabó la batería del celular, ahora no podré escuchar la música que traigo, potente death metal para rebasar el escándalo urbano, ni siquiera se qué horas son, calculo las 6:15 de la tarde. El camión que espero por fin se aproxima, a toda velocidad. Brinco un charco y hago la señal con la mano. Se detiene más adelante y tengo que correr porque me está esperando. Lo abordo pero no le agradezco como he notado que le han hecho otras personas en la misma situación; yo estaba en una parada oficial, le voy a pagar el pasaje, no me hace ningún favor.

El ruido del motor y el sonido neumático que se produce cuando se abren las puertas son los instrumentos que se acompañan en esta sinfonía del tedio. El sol está en el poniente, sus rayos alcanzan los asientos de plástico y arden. Una hora de viaje así no es buena para ningún trasero. Ha pasado media hora y me he acomodado varias veces en el mismo lugar, quedo de tal forma que podría platicar con la mujer del asiento de atrás quien también se acomoda "¿Qué calor, no? Sí, bastante". Fin de la conversación imaginaria.

Pasamos cerca de la tienda de helados que está llena de clientes, es comprensible. Me imagino que me bajo en esa esquina, compro dos litros de nieve de la promoción de 2x1 y, cuando llegue a casa, se habrán vuelto líquidos echados a perder. Me acuerdo de esas ocasiones en las que hago algo por seguir mis impulsos y ya de antemano sé que no me servirá de nada. Hay muy pocos pasajeros, la mujer de atrás ya se durmió, la de más adelante sigue tarareando la melodía populachera que escucha en sus audífonos a un volumen muy alto.

Bajo del camión, me dispongo a caminar con el sol a mi espalda y la correa del maletín presionándome el hombro. Entro a la colonia, las banquetas están destrozadas y adornadas con envolturas de comida chatarra y bolsas de plástico de los supermercados, la gente sentada en mecedoras afuera de sus casas, los botes de refresco yacen en los terrenos baldíos, unos con orines y otros vacíos, los vidrios de los envases de cerveza rotos en el asfalto; ya casi no hay latas de aluminio debido a la pepena. Pateo una piedra que choca con un barandal. Piso un chicle y maldigo. Limpio el sudor de mi frente con un pañuelo roto. Devuelvo el saludo a un vecino. Llego a casa exhausto, la espera ha terminado.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Uno más de los demás.

Así que una vez más estoy sentado en la mesa, rodeado de gente que no conozco, vine para encajar en su grupo, para pasar un buen rato aunque en el fondo sienta que no será así. Es una reunión para festejar la laboriosidad de los asistentes, la celebramos en un salón de eventos.

El silencio incómodo, el olor de una flor del centro de mesa cuyo nombre no sé pero me llega a incomodar, los compañeros ríen, los jefes ríen más fuerte, algunos bailan, otros voltean hacia la entrada principal, todo se vuelve tan pesado. He estado tomando impetuosamente para olvidar esta repulsión que me carcome, pero he fallado y tanto alcohol me provoca, además de movimientos torpes, comentarios chuscos, sonrisitas... me vuelvo como ellos.

Transcurre el tiempo lentamente, la mesa se empieza a vaciar, la plática sosa nos está vapuleando, nos cansamos de ser actores de la peor película. Me doy cuenta de que algo sí tenemos en común, vamos a nuestras casas solos y al llegar colgamos los disfraces o los metemos a la lavadora para usarlos el día siguiente, en la oficina.

Porque al trabajo hay que ir bien presentable. Hay que ser educado y no mostrarle los colmillos a las otras fieras.

lunes, 5 de abril de 2010

The Friendly Ghost

Viajaba en el camión rumbo a la Universidad, en ese tiempo el metro todavía no llegaba hasta allá. La mayoría de los pasajeros eran estudiantes, unos se venían durmiendo, era en la tarde y no había tanto tráfico. En una parada, casi al llegar al campus se subió la chica del lunar en el rostro, la que conocí en la clase de contabilidad, aun recordaba su sonrisa y su amabilidad cuando le pregunté sobre una tarea que había que entregar para poder presentar el examen. Se sentó adelante, no fui hacia ella como en el fondo sentí que debí haber hecho. Yo era un fantasma que tenía miedo del mundo de los vivos, de sus relaciones. Esa fue una de aquellas oportunidades que tuve de resucitar.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Hoy fui al museo, una de las exposiciones era la de Filemón Santiago, artista oaxaqueño que al parecer radica en Chicago. No soy crítico de arte así que me limitaré a decir que en general me gustó. Su obra se componía de óleos grandes muy coloridos, con alguno que otro en tonos oscuros y también había acuarelas. El artista creó situaciones que incluso me parecieron divertidas, fue una muestra muy agradable donde se apreciaba la gente, la comida del mar y los animales. Lo que me llamó mucho la atención fueron los comentarios que estaban pegados al lado de algunas pinturas. En uno de ellos Santiago dijo que antes de aprender a pintar era un salvaje.

sábado, 27 de marzo de 2010

Volver volver.

El camión iba a reventar, casi tres hileras de gente parada, unos iban a sus trabajos y otros eran estudiantes como yo. Era normal que ese camión que atravesaba de sur a norte siempre fuera tan lleno a esa hora, tenía que tomarlo para no tomar dos. También era normal que los choferes manejaran muy aprisa, sin respetar señalamientos viales, sin importarles que junto con ellos viajaban personas que soportaban la brusquedad de las vueltas, las frenadas, los topes en el pavimento. Parecía una batidora. De repente me dieron náuseas, jalé el cordón y sonó la campana de bajada, el chofer empezó a frenar, el pasillo estaba muy apretado y temía que no lograra llegar a la salida antes de que el camión partiera de nuevo pues el cúmulo de pasajeros con sus anchas mochilas dificultaba mi objetivo. Gracias a empujones y a algunos "con permisos" salí al aire fresco. En la parada vomité los corn flakes al pie de un anuncio comercial, nunca desayunaba pero ese día hice una excepción. Me encontraba cerca de la plaza de toros pero no de la Universidad. Esa mañana nublada tuve que tomar dos camiones.

lunes, 15 de febrero de 2010

Into Eternity

El mundo gira

Generación tras generación, el ser humano aprende lo necesario para sobrevivir, y también para matarse a sí mismo. El hombre se crea y se destruye. ¿Y al final qué va a suceder? Nadie lo sabe; unos creen que lo saben, otros suponen que lo saben, y algunos ni piensan en eso. Allá afuera las personas conviven a diario y aun en medio de los páramos dependen de la tecnología para facilitar sus relaciones. Algunos nos encerramos y escribimos en un blog que nadie visita. La gente de afuera también está adentro, cada quien se encierra y hace lo que puede o quiere en sus burbujas de ladrillos o cartón. En sus trabajos coercitivos, en sus grupos sociales, la hipocresía es el motor de su maquinaria oxidada y el individualismo exagerado es el combustible. Lo fácil, lo instantáneo, lo desechable, el más mínimo esfuerzo de cada uno es la meta. Joder o ser jodido. ¿Así nos gusta?

lunes, 25 de enero de 2010

Mocasines

Tuve que recurrir a las duras hojas de máquina para limpiarme los mocos en el trabajo, y es que el flujo no paraba y ya no tenía papel higiénico de ese que ponen en los baños públicos que al arrancarlo del rollo se deforma y uno tiene que extenderlo para que recupere su planicie original; tampoco poseía pañuelos de papel ni el de tela que siempre procuro llevar sobretodo en temporada de calor. Mi nariz aún me arde y el maldito flujo sigue. Había estado haciendo mucho frío, luego mucho calor en el día, y ahora el frío amenaza con aparecerse esta noche y seguir presente en este loco invierno. Al parecer, los cambios de clima son un detonante para mi fastidio incesante. De nuevo me abrigaré, combinaré la ropa percudida y la colorida cuando salga de casa. Y trataré de no olvidar algún pañuelo suave para acariciar mi repleta nariz y absorber ese líquido cristalino que de ella mana.

sábado, 2 de enero de 2010

2009: Cuando pasaron muchas cosas.

Este año que se ha terminado conocí gente nueva y conocí mejor a los que ya conocía. Tomé decisiones importantes, buenas o malas lo que importa es que las tomé. También tomé consejos y tequila, solo y con los amigos. Reí, lloré, viajé, me quedé en casa acostado, pensando y pensando. Trabajé y me despidieron, siempre había renunciado a mis otros empleos pero esta vez al jefe no le gustó mi manera; se sintió raro, sobretodo porque ese trabajo no lo pensaba dejar. Ocasionalmente me contagié de gripe y aunado a mi alergia el resultado fue mucho moco y nariz reseca, ah, y los estridentes estornudos. Para el nuevo año quiero pasar más momentos alegres, nuevas experiencias bellas y gratificantes. Amor y Paz.