Fuimos a Soriana a comprar cheve y algo de tragadera, dos pizzas grasosas que no resultaron ser las que pedimos en un principio, supongo que la valemadrista de la vendedora nos asignó aquéllas de los pubertos que llegaron después de nosotros. En la salida se nos acercó un vendedor de American Express, se dirigió principalmente a Anaximandro, olía mucho a cigarro, su intento de venta fue en vano, quizá después abandonó su puesto por un rato y se salió a fumar una cajetilla completa para relajarse. Ahora mismo se me antojan unos Raleigh como los que fumaba mi abuelo, aunque yo no fumo.
De fondo la radio pública con Mendelssohn ilumina la noche triste después de los corajes de la mañana y de la tarde. Es viernes y mañana comoquiera tengo que ir a trabajar. De hecho ya no es viernes, sino la madrugada del sábado.
Anaximandro es un buen amigo que conozco desde mi adolescencia, admiro su alta capacidad de tolerancia hacia todo. Esa noche nos comimos las pizzas, las acompañamos con unas caguamas Miller, platicamos a gusto, recordamos viejas anécdotas. Llegué a casa medio ebrio y bien jodido y eso que no había ido a trabajar, me acosté pensando en porqué cada vez que me acuesto y suspiro porqué no hay cura para mi locura me desengaño de que no hay salida. Y todo es una pinche rueda que no rueda. Un motor que no arranca, un río estancándose, un día sin luz.
sábado, 26 de noviembre de 2011
lunes, 7 de noviembre de 2011
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Hay veces que a uno lo regañan y se queda callado, y otras en las que no se queda callado pero ya no es uno el que habla sino toda la mierda que trae metida y necesita salir y embarrarse por ahí, lejos. Y no solo pasa cuando a uno lo regañan, de hecho a uno no lo regañan, le dicen que tiene que hacer las cosas de cierta forma que uno no acepta, sabrá porqué, pero es difícil hacerlas a la manera de otros. La manera de uno de hacer las cosas no siempre es la mejor, a veces funciona pero tiene que darse un proceso lento y doloroso, placentero únicamente en la comodidad de la inactividad y profundamente irrelevante en cuanto a lo que uno realmente le interesa o cree que es lo que le conviene. Uno ya no sabe qué hacer y se desespera. Uno ya no es uno, o lo que creyó que era. Uno no se conocía muy bien, decía que era alguien pero resultó ser lo que uno no quería ser: uno más.
La carne es débil.
Les había dicho que podían usar vino tinto para marinar la carne y se quedaron callados, y lo interpreté como una forma de negar mi sugerencia y es que estas gentes tienen cierta imagen de mi que no logro descifrar pero creo que piensan que soy el mal encarnado, nada más porque no voy a la iglesia como ellos. Pareció que les hubiera dicho "yo quiero carne de la otra, de la que no se come pero también se disfruta". O simplemente mostraron esa apatía que les caracteriza en un momento en que necesitaba su respuesta. O tal vez si dijeron algo pero mi mente por un ínfimo instante se trasladó a uno de esos mundos utópicos en un planeta distante, como suele pasar cuando sé que lo que voy a decir carece de todo sentido trascendental por ser la respuesta a algo tan banal como aquello de lo que se suele hablar en reuniones de esas que tanto abundan y que sirven para satisfacer nuestra necesidad social de esparcimiento y relajación y olvidar que uno es un mediocre más.
La sombra.
Dondequiera que vayas ahí estará tu sombra riéndose contigo, no de ti. Si requieres un amigo imaginario, no cuentes con la sombra, bastante tiene con aguantar tus pendejadas. Porque ya no eres un niño, y si en la infancia no tuviste amigos imaginarios, tenlo por seguro que ahora de adulto tampoco los tendrás, lo que, en tu caso aplica son las conversaciones imaginarias, de esas que alguien llega y te sorprende hablando solo y cree que estás hablando con un ser que solo tu puedes ver, pero no es que estés esquizofrénico, es que estás imaginando una situación posible o imposible, pero que no quieres que ocurra, aunque parezca que la deseas.
Sudar la gota gorda.
Siento que me van a correr de uno de mis dos trabajos, sí, tengo dos, y no son los que yo esperaba y que soñaba que tendría cuando era adolescente, pero tienen su chiste, al menos siento que hago algo bueno, algo útil por la humanidad, de ahí en adelante no encuentro muchas satisfacciones por estar pensando que no son lo que yo quería. Últimamente han sido exhaustivos, siento que nunca había tenido tanta carga laboral ya que en un principio eran relajados, pero me he equivocado, el que ambos sean de medio tiempo no quiere decir que no sean pesados. Tal vez me corran de uno o de los dos, ahora que, irónicamente sí quiero conservarlos, no como antes que en vez de correrme yo les decía: "Renuncio". Nada es para siempre. Espero que mi frustración tampoco lo sea.
Otra vez el post malo.
Ah qué enorme fastidio es levantarse temprano y peor lo es en estos días que las mañanas se vuelven más frías, y todo para saber que tengo que ir a trabajar y que hay muchos pendientes y uno está desvelado y sin energías. Tras varias re-lecturas de posts y anotaciones en cuadernos, he llegado a la conclusión de que la mayoría de las veces no hago lo que quiero, no disfruto lo que hago y no quiero lo que disfruto.
Dos caras.
No sé si tanto gasto de energía vale la pena, cuando pienso que el hecho de ser maestro y querer educar a las personas por, digamos, un fin más alto que es el de terminar la destrucción de los humanos por los mismos humanos no es coherente con alguien que como yo, se auto-destruye cada día y reniega de su frustrada situación.
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